miércoles, 8 de junio de 2011

“El último adiós”

 Llovía como nunca. Ella estaba entregada en los brazos de morfeo. Olvidando todo quehacer en su vida. Era un día más en la vida de Paula, una chica de 29 años, jovial, de buen espíritu y con ganas de triunfar. Paula estaba cansada de su rutina diaria, del trabajo y su casa. Ya no hallaba de qué forma cambiar su estilo de vivir, que se la consumía día a día, como quien se fuma un cigarrillo, que se acaba en cada bocanada.

La mañana estaba fría y muy nublada, pues es normal en esos días en Nueva York, pareciera que está a punto de nevar. Paula se levanta de su cama, por fin decide soltarse de los brazos de morfeo quien la tenía cálidamente en su regocijo. Cuando mira la hora se asusta es muy tarde, y cree que perderá su trabajo ya que no es la primera vez que llega retrasada, y es entonces cuando se da cuenta que es domingo, un día hermoso a pesar de estar algo gris. Ella resuelve hacerse un café y sentarse al frente de su computador a revisar sus correos, sus recuerdos, toda su vida está ahí. Mientras tomaba un sorbo de café caliente y estaba arropada por una manta que le proporcionaba calor, veía parte de las cosas que marcaron su vida y que aún le costaba olvidar. Fue entonces cuando decidió abrir aquel baúl de recuerdos que tanto había temido destapar desde algún tiempo atrás. Y pasó lo que ella había evitado tanto, reencontrase con el recuerdo de ese amor que un día le destrozó su vida. Sí, era él, el hombre que ella tanto amó y que aún ama. Han pasado ya seis años sin saber nada de Carlos, y sin saber si está bien ¿Dónde está? ¿Cómo está? ¿Por qué se fue? ¿Por qué la dejó sin decir adiós? Y ¿con quién está? Son las preguntas que se hace Paula a cada instante. 

Con valor leyó cada carta que había escrito a su amor. No pudo evitar las lágrimas que brotaban de sus ojos. Se entregó al sentimiento, como quien se entrega con pasión a un encuentro de amor, solo lloraba y lloraba. Hasta que decidió ponerle fin a esa tortura en su vida. Y resolvió en escribir una carta final, sin saber y sin tener la certeza de que ésta llegará a su destino. Pensó: “Carlos, este será mi último adiós”.
No era la primera vez que Paula escribía una carta para decirle adiós a aquel hombre que aún pernotaba en su vida y en su corazón.
Ya eran las 10.00 am, el clima seguía frío y sin ánimos de solearse. Ella empezó su travesía, no hallaba qué hacer, ni cómo empezar. Y desde lo más profundo de su ser tomó fuerzas e inició su “último adiós”.


Querido Carlos;
Espero estés bien, hace mucho tiempo ya no sé nada de ti, no sé qué ha pasado en tu vida desde la última vez que nos vimos y estábamos juntos. Solo espero que todo en tu mundo marche bien.
Hoy es un día muy nublado aquí en Nueva York. Está lloviendo y no pude evitar acordarme de ti, y rememorar aquellos días que pasamos juntos tomados de la mano caminando por las calles de París, cuando pasábamos unas hermosas vacaciones, y nos besábamos como dos adolescentes enamorados. Recuerdo esa tarde que nos sentamos cerca de la Torre Eiffel, en la grama y nos degustamos dos botellas de vino tinto francés, fue grandioso ver cómo nos embriagamos, realmente fue hermoso, nos reíamos de todos y de todo. Mientras nos decíamos cada palabra de amor entre susurros al oído. Ahí duramos horas y horas, el tiempo necesario para confesar que sentía el uno por el otro. No sé si recuerdas que después de ahí nos fuimos a un bar a seguir bebiendo. Recuerdo que ninguno de los dos sabía alguna palabra en francés y aun así empezamos a cantar sin saber qué decíamos, pues todo era risas entre nosotros dos. Aquella noche parecía interminable. Después del bar nos fuimos a nuestro hotel que estaba algo cerca ¿lo recuerdas? Y bajo esa noche plateada, nos dijimos de muchas maneras “te amo y nunca te dejaré”. Pero tú no cumpliste tu promesa. Me parece que fue ayer cuando te alejaste de mi vida sin decir adiós. No sé si sabías que eras la mitad de mi vida, lo que tanto había anhelado, eras mi complemento, lo mejor que me había pasado.

Hoy decidí escribirte esta carta y la verdad no sé el porqué, ya que las últimas que te envié nunca las respondiste, será qué no quieres saber de mí, será qué me olvidaste. Creo que soy yo quien se aferra a un sentimiento que se extinguió en el tiempo. Puede ser, lo que sé con toda franqueza es que yo si te amé. Te amé de verdad y con el corazón.

De mí, quiero que sepas que nada ha cambiado. Todo sigue igual en mi vida. Desde que tú no estás, mi tiempo se detuvo, como un reloj cuando deja de funcionar. En mi vida no ha aparecido nadie; creo que dentro de mi corazón albergo la esperanza de que vuelvas conmigo. Hay veces que te sueño venir corriendo hacia mí, y siento tus brazos cuando me estrechan y tus labios como se juntan con los míos. Si supieras cuanta falta le haces a mi vida, siento que no puedo acostumbrarme a estar sin ti. Tú sabes que te necesito. Estoy aquí sin poder despegarme de ti Carlos.

Tal vez te aburren mis palabras, y a lo mejor no te interesa saber mucho de mí, puesto que no sé nada de ti, nunca me has escrito… solo quiero que sepas que estás tatuado en mi vida. Y que para mí eres inolvidable. Siento que siempre te voy a amar.

Ya para despedirme, quiero decirte que deseo lo mejor para ti donde quiera que estés. No es fácil olvidar la historia de los dos. Tal vez el tiempo pueda ayudarme. Carlos, yo te esperaré hasta el fin si es necesario. Así sea en otra vida, yo volveré a reencontrarme contigo, ahí te esperaré.
Sin más nada que decir, se despide quien te ama, por siempre tuya.
Paula.

Una vez que Paula se desahogó escribiendo lo que sentía por su amor, se echó a llorar cual niña, tiene un deseo que no es cumplido. Ahí tuvo horas, sin despegarse del recuerdo.
Ya son las 5.00 pm, Paula aún no ha comido nada. Tocar el pasado en su vida, la desequilibró emocionalmente, pues, no es fácil decir adiós a alguien, ya que las despedidas que más duelen son las que son para siempre. 

Después de haber escrito su carta final. El último adiós. Decidió levantarse, recoger su carta y echarla por una vez más al buzón de correos. 

Ella cree que le ha puesto final a un capítulo de su vida con el hombre que más ha amado. Mientras depositaba su carta en el correo miró al cielo y dijo: “Dios, dame fuerzas para olvidar y seguir mi vida sin él”. Se dio la media vuelta y entró de nuevo a su casa.

Dos años después, todo en la vida de Paula sigue igual, esperando lo que no sabía si llegaría. Una tarde cuando regresaba de su trabajo revisó su buzón de correo y la sorpresa fue encontrar una carta para ella de Carlos, que decía:

Paula;
Perdóname por todo el daño que he hecho en tu vida. Llegaré pronto. Yo tampoco te he olvidado. Aún te amo.

Desde ese momento los días se hicieron largos para Paula, en la espera de su amor. Pasaron muchos años y  Paula nunca vio a Carlos, no sabe qué le pasó y por qué no llegó. Se quedó con ese vacío en su vida, que tal vez lleve hasta el día de su muerte. Que para ello faltaría poco. Paula ya tenía 84 años y padecía del alzhéimer, estaba en una casa hogar. Y era la única persona que no recibía visitas. Se quedó sola en el olvido. La espera y el tiempo se consumieron su vida.


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