jueves, 11 de agosto de 2011

“Un recuerdo hermoso”

Llego el alba. Vislumbra un hermoso día soleado, radiante con todos sus colores. Un grandioso comienzo de semana para una mujer enamorada, es trabajadora, está llena de optimismo y con muchas ganas de ir siempre en busca de su norte. Natalia se despierta contenta, hoy tendrá, una vez más, la cita que ella tanto espera y anhela. No hace otra cosa que pensar en ello, de su mente no sale el recuerdo, el deseo de encontrarse de una vez por todas con su amor, no es cualquier hombre, es Andrés... él es lo que ella más ha amado, ama y amará...

Él por su parte, la ama también. Ella está ansiosa por reencontrarse con su amor, ella  sabe el lugar donde él está... Pero por ahora no puede ir a buscarlo, además pronto se verían, no faltaba mucho para reunirse.

Desde que ella lo conoció, se enamoró perdidamente de ese joven. Fue en una tarde en unas fiestas de calle en la ciudad. Andrés pasó frente a ella, sin percibir su presencia, Natalia  por su parte, quedó prendada de aquel chico como una tonta, cuando solo tenía 16 años. Ambos tenían la misma edad.

A partir de ese momento transcurrieron una serie de eventos en los cuales se vio inmersa Natalia con Andrés.  Con el pasar del tiempo, él alcanzó a notar su presencia porque alguien le dijo que ella estaba enamorada de él y al saber de los sentimientos de ella, cual niño e inmaduro que era, cada vez que la veía hacía algún gesto de amor y desprecio. Le lanzaba un beso y luego se iba en su carro riendo. Es chocante, pedante y hasta despectivo. Es bastante presumido y creído porque sabe que es muy apuesto.

Pero es el hombre de quien Natalia se enamoró. Ella cree que cuando lo vio Cupido solo la flechó a ella. Pasaron un par de años tal vez, para que Andrés por fin decidiera voltearse en serio a ver a Natalia. Un amigo en común los presentó e hizo que ese par se dieran la oportunidad de conocerse. Él después de una larga charla la invitó a salir, y ella no podía creer que su sueño se hacía realidad. La noche del encuentro, Natalia se puso su mejor ropa, se llenó de accesorios femeninos, todo para verse coqueta y muy atractiva ante los ojos de Andrés. Fueron a un restaurante a cenar, llegaron a un lugar bastante sencillo, pero muy acogedor. Ahí pidieron algo de comer, y de beber unas cervezas... mientras transcurría el tiempo, Natalia estaba clavada en los ojos del joven apuesto, hablaron durante largo tiempo, él de sus cosas, su trabajo, sus pasatiempos. Rieron toda la noche, hasta que Andrés le preguntó a ella sobre los sentimientos que albergaba hacia él. La chica enseguida se ruborizó, aún así ella le habló con el corazón abierto, de todo lo que sentía, sin pena, sin dudas, desahogó todos sus sentimientos en aquel lugar.

Andrés como no sentía nada por la chica, esbozaba una pequeña sonrisa en su boca. Tal vez pensaba que boba es esta chama, mira que declarársele así a un hombre... Ella después de unos cuantos minutos hizo silencio, tomando un sorbo de su bebida. Los dos se quedaron enmudecidos. Él pidió la cuenta y se marcharon. Cuando la llevaba a su casa, Natalia estuvo callada por todo el camino. Andrés le preguntó qué si algo le pasaba, ella con voz pasiva respondió: no, no tengo nada... Pues sí tenía algo, estaba muerta de pena, tenía baja su moral después de aquella confesión de amor.

Ella se reprochaba una y otra vez que lo hubiera hecho mal, y de seguro Andrés no iba querer volver a verla, por esa actitud tan niña que había adoptado en el restaurante. Finalmente, cuando llegaron ella le dijo: “gracias por todo y disculpa lo malo” cuando se disponía a bajarse del auto, él soltó la risa, mientras la sostenía del brazo y le dijo " espera por favor" ella se volteó mirándolo con los ojos llenos de lágrimas. Le contestó “dime” y  Andrés, con una sonrisa tierna en su cara le comentó "quédate tranquila, no hay nada que perdonar”. Al contrario, “gracias por esta noche tan especial”; ella dibujó una sonrisa en su rostro y él se abalanzó sobre ella dándole un abrazo y un beso en los labios. Para Natalia se había detenido el tiempo, estaba como en las nubes... Cuando abrió sus ojos, Andrés la miraba fijamente y le dijo: “me gustaría volver a verte”  ella le dijo que sí sin dudar.

Desde ahí comenzaron una relación de amigos, que con el pasar del tiempo se convirtió en amor de pareja. Se amaron como nadie, se convirtieron en uno solo, hay tanto amor entre ellos dos, que irradian felicidad a donde van. Pero el tiempo no jugó a favor de él. Andrés le ocultó a su amor una terrible enfermedad que padecía, él no quería que ella sufriera. A pesar de todo consolidaron su amor, lograron casarse y hasta tener un hijo, al que llamaron Joaquín Andrés.

Son las 10:00 am, ya es algo tarde para Natalia esta apurada cree que no llegará a reencontrarse con Andrés como había quedado con él. Ella sale corriendo, toma el primer taxi que ve, hace que se detenga en una floristería, le quería comprar las rosas rojas que tanto le gustan a Andrés. Cuando hace su última parada, Natalia está ahí parada en medio del campo santo, llevándole flores a su eterno amor quien en vida estuviese de cumpleaños y ellos de aniversario. Ella se arrodilla llorando, ante la lápida que lleva por escrito: “La vida no es igual sin ti, me hace falta tanto que estés aquí amor mío, sabes que nunca te olvidaré, siempre serás mi gran amor y sé que algún día volveremos a estar juntos, eres el recuerdo más hermoso que tengo.” te amamos tu esposa e hijo.