El tránsito está infernal. El astro rey se ubicaba en un punto en la cual sus rayos penetraban sin compasión la piel de las personas, que circulaban de un lado a otro recorriendo los cuatro puntos cardinales del país. Haciéndoles sentir que estaban el mismísimo infierno.
Jorge Luis, es un joven abogado que ya ha alcanzado la cumbre del éxito. Ganó mucha fama, por haber resuelto casos muy complejos. Hoy en día, este hombre talentoso es reconocido, por la gente, a donde quiera que vaya. Es mediodía y él está dentro de su carro último modelo, pasando calor puesto que el aire acondicionado está descompuesto. El saco y la corbata lo ahogan. Mientras se despoja de ellos. Ve pasar una linda chica por la calle, la cual lo impresiona y lo deja tan prendado que tarda en reaccionar cuando cambia el semáforo.
Él, no puede creer que tanta belleza pueda albergar en una sola mujer. Ella es blanca, de medidas perfectas, su cabello es marrón, largo y lacio. Tiene los ojos azules y sus facciones son de cual chica europea. La joven parece una muñeca. Como si hubiese sido diseñada y esculpida por un escultor. Era la mujer más bella que había visto Jorge Luis.
Por ello, se dijo a sí mismo que tenía que conocerla. Y literalmente detrás de ella. Él en su carro y ella caminando. Observó que la chica tan hermosa entró a un centro comercial de esos tantos que hay en la ciudad, estacionó su carro cerca. Entró al lugar y empezó a recorrerlo de punta a punta, caminó y buscó como quien busca una aguja en un pajar. Hasta que dio con ella. Fue así como se presento: me llamo Jorge Luis García, soy abogado, tengo 30 años y estoy soltero. La chica algo impávida, le dice ¡ah ok! ¡Chévere! Él por su parte, continúa en pescar a la joven cual cazador furtivo. Le dijo desde que te vi no pude sacarte de mi mente, sé que es no fácil decir esto, sin pensar que lo puedas tomar a mal. Pero quiero que sepas que deseo conocerte.
Ella con voz pasiva y bien serena le dijo: está bien. Yo me llamo Carolina Gutiérrez, tengo 27 años y soy periodista.
Él, enseguida la invitó a tomar un café para seguir conociéndose. Ella por su parte contestó: ¿a esta hora café? Mejor nos vamos a un sitio donde podamos relajarnos y hablar mejor. Se montaron en el carro del chico y se fueron a una café-bar. Cuando llegaron se pusieron a gusto. Era un lugar tranquilo, iluminado por las velas que posaban en las mesas, había buena música de fondo, estaban oyendo jazz.
Al llegar el mesonero les tomó la orden. Pidieron una botella de vino tinto chileno. Era el preferido de ambos. Mientras transcurría la noche, hablaron de sus gustos, sus metas, sus deseos, amores pasados, entre otros. Iba y venía más vino tinto para la mesa.
Pasaba la media noche. Ya la pareja estaba algo ebria, habían consumido cuatro botellas de vino tinto. Casi ni podían sostenerse de pie. El afamado abogado pidió la cuenta. Y mientras él cancelaba en la caja, Carolina lo esperaba como cual ninfa quiere atrapar a su Dios. Se subieron en el carro y él le dijo: ¿ahora a dónde quieres ir? Y ella le respondió: llévame a donde tú quieras.
Empezaba la noche a mostrar su lado oculto. Y Jorge Luis no tenía ni la menor idea que ese sería su último momento de felicidad.
Llegaron al hotel, uno de esos tantos que hay en las avenidas de esta ciudad de la furia. Una vez en el sitio, empezaron a despojarse con pasión de cada prenda que poseían. La noche se hacía corta para esta pareja que empezaba a conocerse desde las entrañas y sin protección le dieron rienda suelta a la pasión.
Entre besos, caricias, pasión y lujuria. Los dos cuerpos se entrelazaban y se fundían en uno solo. A media luz la habitación. Cada segundo que transcurría se iban acelerando los corazones, los gemidos no paraban de escucharse. Ella gritaba de placer ¡aaah!, ¡aaah! Y mientras las agujas del reloj no paraban de girar. La efusión y el deseo entre los amantes no cesaban ni un solo instante.
La mañana llegó. Él tenía una enorme sensación de felicidad, como si hubiera ganado un caso legal. Mientras observaba aquella hermosa mujer que dormía entre sus brazos, pensaba que había sido esplendido ese momento. Que aún no creía que había vivido y quería que volviera a repetirse. Pero no fue así. Carolina esa mañana se despidió y se esfumó de su vida.
Él por su parte continuó con su rutina, el trabajo, reuniones, compartir con los amigos y preguntándose siempre ¿en dónde está? La buscó por todas partes, la llamó pero, ella jamás apareció. Jorge Luis no podía creer que esa mujer se hubiese escapado de su lado.
Pasaron algunos meses, exactamente cinco, cuando el abogado se indispuso. Tenía malestares generales desde hace tiempo atrás, como: fiebre, dolor de cabeza, dolor de garganta, pérdida peso, glándulas inflamadas y erupciones en toda la piel. Parecía no tener nada grave puesto que estos síntomas son similares a una gran variedad de enfermedades. Pero ya no era normal que esto le durará tanto. Decidió verse con un médico y fue a la clínica más cercana a su departamento y se practicó una serie de exámenes de sangre. Cuando culminó el doctor le dijo que viniera la semana siguiente a recoger sus resultados.
Al llegar el día esperado, Jorge Luis fue a buscar sus análisis. Su sorpresa mayor fue el momento en que el galeno le leyó sus exámenes y le comunicó que había sido infectado por el VIH, que estaba bastante avanzado y grave. Si tenía una buena alimentación y un buen cuidado de su organismo podría vivir tal vez un año. La expresión facial de aquel hombre fue como cuando sale toda la sangre del cuerpo
Al salir de ahí, se puso a llorar como un niño, y empezó a maldecir a la mujer que le había rebatado la vida de las manos, como una ladrona de sueños. Entró al primer bar que encontró en su camino. Pidió un whisky, después otro y así sucesivamente, hasta ser el último en quedar en el lugar. Estaba tan embriagado que no podía sostenerse de pie y mientras lo arrastraban del sitio gritaba una y otra vez: “Carolina maldita zorra, puta, desgraciada deberías morirte maldita perra”. El encargado del establecimiento lo envió de vuelta a su casa en un taxi, el desdichado hombre no podía manejar.
Pasaron diez semanas y Jorge Luis falleció a consecuencia del Sida. Fue la noticia del día, la gente se sorprendió mucho por la muerte del famoso abogado, puesto que era muy joven, y lleno de vida.
Los días transcurrían y la muerte de aquel hombre seguía dando de qué hablar. Los medios impresos y agencias de noticias hicieron del deceso del joven un acontecimiento. Justo por la principal circunstancia en la cual había fallecido. Se produjeron noticias, reportajes, documentales, entre otros.
Nadie se quedó sin hacer algo al respecto, y la excepción no fue el diario “Noticias al día” en donde trabajaba una joven y brillante periodista experta en reportajes. En una jornada más de trabajo, el jefe del medio le indicó a la chica “Carolina Gutiérrez, te toca hacer un reportaje sobre la muerte del abogado que ha dado mucho de qué hablar, el que se llamaba Jorge Luis García”. Y ella con sonrisa pícara le contestó: “claro señor López, yo con todo el gusto cubro el reportaje”.

